martes, 12 de diciembre de 2017

MALDITO PUENTE (13 de diciembre de 2017)


El Diario Montañés, 13 de diciembre de 2017

Nunca llueve a gusto de todos, como se ha demostrado en este puente lluvioso. La gente del campo ha respirado aliviada, pero la mayor parte de las instalaciones de Cantur rozaron el fracaso. Tampoco el comercio de la ciudad ha hecho caja, porque los turistas o bien huyeron ante la amenaza de la borrasca ‘Ana’ o bien optaron por refugiarse en los centros comerciales, templos paganos del ocio y el consumo. Ellos han sido los únicos que hicieron el agosto en diciembre.
Uno, que por razones que sí vienen al caso no pudo estar esos días haciendo turismo sino ejerciendo de acompañante en un hospital, ha vivido de cerca algunos despropósitos de los puentes, que tienen la propiedad de paralizarlo todo. En un puente cortamos con la actividad cotidiana y dejamos las tareas olvidadas o en manos de otros, como si nunca hubiera un mañana. Baja la persiana, decimos, que el lunes será otro día.
Precisamente el lunes que siguió al puente una de las responsables médicas se echaba las manos a la cabeza porque los pacientes de planta no habían recibido ninguna visita de sus compañeros especialistas durante todo el período vacacional, como si el ocio de unos hubiera afectado a la actividad de todos. Hubo incluso quien se preguntaba por la idoneidad de alguno de los tratamientos que se habían prescrito durante su ausencia. Y uno, que por edad creía haberlo visto ya todo, llegó a pensar que en ese momento asistía a la hora estelar de los desatinos, aunque luego recapacitó con frialdad y tuvo la certeza de que tales problemas podían deberse en parte a la política de recortes que se ha llevado a cabo en la sanidad y que se manifiestan con nitidez en los periodos vacacionales.
Desconozco si hay estadísticas que miden los índices de éxitos y fracasos médicos en esas épocas. Pero les recomiendo que, por mera prevención, procuren no enfermar, porque los hospitales suelen quedar en manos de los residentes, grandísimos profesionales de lo teórico, pero incapaces de capar porque nunca han cortado cojones. Que es como se aprende.

martes, 5 de diciembre de 2017

VARA DE MEDIR (6 de diciembre de 2017)


El Diario Montañés, 6 de diciembre de 2017

Vivimos unos tiempos en los que la vara de medir se estira o se encoge a capricho, porque la objetividad se ha precipitado por el desagüe de la insensatez hacia el camino de la desvergüenza.
Recientemente Bruselas colocaba a España a la cabeza de Europa por la desigualdad de las rentas de los ciudadanos, y al mismo tiempo surgían voces que negaban tal evidencia, como esas otras que en pleno siglo XXI niegan, con fe religiosa y ardor casi guerrero, la redondez de la tierra. La óptica humana es tan subjetiva que el cristal de cada uno suele desvirtuar la realidad mucho más de lo prudente. Acaso por ello, mientras que para algunos el concepto de bienestar consiste en tener asegurados a diario el techo y la comida, para otros más favorecidos estriba en poder comer en los restaurantes sin preocuparse por los precios de la carta.
Procusto, gigante mitológico que vivía en un bosque y ofrecía posada a los viajeros que se perdían en él, tenía la extraña perversión de adaptar las medidas de sus huéspedes a la cama en la que los invitaba a dormir, para lo cual estiraba a los más bajos de estatura y cortaba las piernas a los más altos. En el sentido de acomodar la realidad a los intereses particulares, me parecen procústicos y fuera de medida los argumentos de quienes estos días defienden en el ruedo político autonómico la validez de los pactos con tránsfugas, según apoyen sus intereses en el ayuntamiento de Santander o en el gobierno regional. Un tránsfuga, que objetivamente lo es, parece menos tránsfuga cuando está de mi parte; como un error arbitral lo es menos –y casi no duele, y hasta nos alegra– cuando favorece nuestros intereses y perjudica los del equipo contrario.
Los errores del fútbol español se van a intentar corregir la próxima temporada con la instalación del vídeo arbitraje (VAR). Pero parece que de momento no hay ninguna voluntad de instalar la vara que mida con objetividad tantas cuestiones contradictorias de la política y la economía.
Seguiremos aferrándonos a la hemeroteca.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

UN FUEGO OCULTO (29 de noviembre de 2017)


El Diario Montañés, 29 de noviembre de 2017

Han ardido veintiocho mil libros en el MAS, en silencio y con dificultad, porque el papel arde mal cuando está apretado. Por eso sospecho que se hayan podido dañar más con el agua que sofocó el incendio, su peor enemiga, que con el fuego en sí. Al parecer, nadie los ha censado todavía, ni se ha hecho una valoración aproximada de tal pérdida; pero podemos respirar tranquilos porque en estos tiempos, fúnebres para la lectura, los libros apenas tienen valor y menos si, como dicen, en su mayor parte eran «simples» catálogos.
Millones de palabras, miles de imágenes, cientos de historias y anhelos sin número se volatilizaron en el aire de Santander y se fundieron con naturalidad en la atmósfera gris otoñal de la ciudad, ya contaminada de por sí, aunque no está probado, como me dijo un paisano con la lengua trabada, que las nubes mostraran esos días formas y colores extraños, como talladas a golpe de cincel y pintadas con brocha de artista. Poesía etílica me parecieron entonces sus palabras, algo natural por estos lugares pródigos en cultura y bares.
Don Marcelino, que también bebía, pero amaba a los libros por sobre todas las cosas, donó, «por gratitud a la Ciudad de Santander», su biblioteca, compuesta por más de cuarenta y dos mil volúmenes, «juntamente con el edificio en que se halla». Y dispuso que no se destinase el sótano «a uso ni servicio alguno» que la pusiera en peligro, y que «en el caso de que se levantara en dicho solar algún pabellón o edificio [...] habría de estar completamente aislado para evitar todo riesgo de incendio». Una sabia prevención –en una ciudad que se ahoga en llamas cada poco tiempo– que casi se viene al traste cuando, por la inutilidad de la gestión en las obras del museo, el calor del fuego cercano llegó a fracturar la cristalera que protege la vidriera emplomada del interior de la biblioteca.
Ni en estado etílico puedo imaginar lo que habría supuesto la pérdida de este tesoro inigualable. Pero veo con claridad meridiana que entonces sólo un milagro salvaría a Salvador.

martes, 21 de noviembre de 2017

NO VAYAS, PRESIDENTE (22 de noviembre de 2017)


El Diario Montañés, 22 de noviembre de 2017

Se me podrá decir que España sin Cataluña será mucho más débil. No ignoro que en estos momentos de terremoto rupturista necesitamos políticos que defiendan la unidad nacional. Y no digo que no sean precisos todos los apoyos para ponerle pegamento al resquebrajamiento del estado. Pero, presidente, no vayas a Cataluña a hacer campaña porque te lo haya pedido un amigo. Quédate en Cantabria, que aquí tenemos mucho tajo para intentar retener a los nuestros, que se están marchando por falta de oportunidades. Y para no volver, que es lo peor.
No vayas a Cataluña, presidente, porque en Valdecilla, nuestro hospital de referencia, la joya de la corona autonómica, se ha creado un banco para recoger y estudiar cerebros muertos, y al ritmo que vamos no va a haber cerebros vivos que puedan estudiarlos. Y tampoco tenemos pediatras ni médicos de familia suficientes, ni hemos sabido tratarlos en las oposiciones (es lo real, María Luisa, aunque el tribunal sea, como dices, soberano). Pero los están aceptando en otras autonomías sin tantos remilgos. No vayas a Cataluña, presidente, que aquí hemos perdido casi treinta mil empleos jóvenes en los últimos quince años, y eso que, según algunos, el Centro Botín ha impulsado el sector turístico elevando un 11% los beneficios –¡lo que aguanta el papel!– y que ahora se anuncia una «lluvia de empleos navideños», otro récord de precariedad que alargará la agonía pero no frenará el éxodo: los peligros del sector terciario.
Pero si decides ir, fíjate en las cosas buenas de por allí. Por ejemplo –y es algo interesado, lo sé, traído por los pelos porque soy presidente de un club de natación–, fíjate, decía, en las piscinas de 50 metros que tienen los equipos por aquellos lares, cultos también en lo deportivo, mientras nosotros seguimos aquí, anclados en eternas promesas ‘sine die’. Y cuando regreses, pregúntale a tu consejero del ramo el porqué de la nula ayuda que han tenido los nadadores cántabros en las subvenciones al deporte. Ellos, también, futuros exiliados si pretenden ser alguien en su actividad deportiva.
Cantabria, a veces madre y siempre madrastra.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

MALA SUERTE (15 de noviembre de 2017)


©El Diario Montañés

El Diario Montañés, 15 de noviembre de 2017

No tiene suerte Íñigo de la Serna desde que es ministro de Fomento. Problemas con aeropuertos, estibadores y taxistas, rescate de autopistas, presiones por el soterramiento de las vías... La semana pasada se desplazó hasta Cantabria, buscando ser profeta en su tierra, para «inaugurar, visitar e iniciar» obras, un tres en uno que no fue precisamente el «veni, vidi, vinci» de Julio César porque en Renedo no pudo cortar la cinta de inauguración, siquiera para llevarse un trozo de recuerdo; nadie tuvo el detalle de ponerla. No me extraña que le pareciera la ceremonia más triste de su vida, poco acorde con una obra que había costado casi 56 millones de euros. Quizá para aminorar su tristeza ninguno de los allí presentes –vecinos, políticos o periodistas– cuestionaron sus palabras, que juzgo inexactas, a no ser que la relación entre la velocidad, el espacio y el tiempo haya variado desde mis años de bachillerato. Decía el ministro que esas obras «han permitido elevar la circulación de los trenes a 160 km por hora [...] y una disminución de alrededor de 25 minutos entre Palencia y Santander». Por más vueltas que le doy, no me salen las cuentas, porque el tren sigue tardando desde Madrid las cuatro horas y diez minutos de siempre (un amigo que trabaja en la RENFE me lo corrobora: «cuando llueve, incluso algo más»). ¿Será que a Íñigo también le están haciendo boicot los maquinistas no sacándole todo el rendimiento a los motores? Habría que aclararlo, porque en esto del AVE las inexactitudes se acumulan, y no es error pequeño la desviación entre los 350 millones que presupuso la Universidad de Cantabria que costaría la obra del tren de altas prestaciones y los 1.658 que se calcula ahora que costará (aunque hasta 2023 –y más allá– hay tiempo para mayores desvíos).
Por su parte, al gobierno regional, que anda a la greña con De la Serna, sólo le ha faltado atribuirle la responsabilidad de los argayos de Valdáliga y La Hermida, casi coincidentes con su visita. Es de suponer que fueran simple casualidad provocada por la lluvia. Pero...


miércoles, 8 de noviembre de 2017

A LOS 60 (8 de noviembre de 2017)


El Diario Montañés, 8 de noviembre de 2017

Parece que por fin llega el otoño de verdad. Las lluvias copiosas, la bajada de las temperaturas, incluso las primeras nieves ya están aquí, para satisfacción del nuevo director de Alto Campoo, tan esperado como Godot en aquella obra absurda. Con esto del cambio climático las estaciones se confunden y no podemos distinguir con certeza sus fronteras, cada vez más difusas. Algo parecido sucede con las edades de la vida. Ayer hizo cuarenta años que cumplí veinte, y no sé muy bien en qué tramo del camino me encuentro. Es una duda difícil de resolver, no crean. Fíjense: ni siquiera tengo claro si debo vacunarme contra la gripe, pues deben hacerlo quienes son «mayores de sesenta años» y, siendo rigurosos, aún no es mi caso, porque estoy en la edad, pero no la supero. Para mayor confusión, hay quienes mantienen que los sesenta años de hoy son como los cuarenta de hace unas décadas, y ya no sé si lo dicen porque ahora nos conservamos mejor o porque entonces envejecían primero, cuestión ésta que no es baladí; aunque acaso lo manifiesten para convencernos de que la edad de jubilación debe seguir retrasándose, vaya usted a saber. La medicina, con todas sus contradicciones, tampoco me ayuda a despejar mis dudas. Tengo hipertensión desde hace muchos años –creo que es algo congénito–, pero sólo ahora, con esta edad «tan peligrosa, pero con tanta esperanza de vida por delante», me han recetado una pastilla diaria para mantenerla en la frontera de lo prudente. En cuanto al colesterol, me hallo en una encrucijada difícil de resolver, pues hay quienes piensan que detrás de los niveles aconsejables está el negocio de las industrias farmacéuticas que pretenden tenernos medicados durante muchos años. Yo, por si acaso, no me medico y sigo manteniendo los huevos en mi dieta. Menudo manjar. Y debo confesarles que me siento como un centauro ontológico: una mente adolescente atrapada en un cuerpo maduro. Quizás por ello, pese a los sesenta, no siento todavía la llegada del otoño. Espero que cuando venga no lo haga de golpe.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

ESTORNINOS SIN FRONTERAS (1 de noviembre de 2017)


El Diario Montañés, 1 de noviembre de 2017

Centro de Madrid, kilómetro cero. Multitud de turistas se concentran en Sol en un domingo veraniego. Cerca, en la Gran Vía, cada diez o doce pasos, a las puertas de los comercios que hacen caja ajenos al descanso del séptimo día, los mendigos muestran mensajes que pretenden ablandar el corazón de los paseantes, mientras dormitan envueltos en cartones de pobreza. La plaza se llena de vida. Algunos, sudando dentro de disfraces de peluche, intentan arrancarle unos céntimos a los turistas. Un par de jóvenes vestidas cual brasileñas de sambódromo se dejan retratar por la espalda, para dejar constancia de sus glúteos, generosos y desnudos. La escena se interrumpe un momento, congelada por el desfile de un grupo de manifestantes con banderas constitucionales –y otras que no lo son tanto– que pasan gritando contra Puigdemont, un nombre de rima demasiado fácil. Son el regalo envenenado que nos ha dejado el nacionalismo separatista. Aunque hay furgones de policía, siento inseguridad cuando se acercan –cuerpo de gimnasio, cerebro descuidado– proclamando a voces el eslogan de «u-ni-dad-na-cio-nal». La misma inquietud que me invade frente a quienes piden lo contrario, al grito machacón de «in-de-pen-den-cia». Soy como una gota de agua, pequeño en mi insignificancia dentro de un mar de gente, pero no quiero dejarme arrastrar por ninguno de los dos tsunamis de la sinrazón.
Leo en la prensa que también en Santander unos pocos se han echado a la calle para manifestarse ante Pablo Iglesias. Y que ha ondeado una enseña gigantesca en la grúa de una obra cercana a la sede del gobierno regional. Está renaciendo la guerra insensata de banderas que ya creíamos desaparecida. Pero no, estaba larvada, como demuestra la eclosión de tanto capullo.
De regreso, en el Alvia –el cambio de hora anticipa la noche–, raíles de sueño nos acercan a Cantabria. Mañana será otro día –me digo–, con sus afanes. Y los estorninos, que no entienden de fronteras, silbarán al caer la tarde la melodía secular que utilizan para juntarse y protegerse, ellos sí, bien juntitos, de los primeros fríos otoñales.



miércoles, 25 de octubre de 2017

UNO DE CADA CUATRO (25 de octubre de 2017)


El Diario Montañés, 25 de octubre de 2017

Según las estadísticas, 143.000 cántabros, uno de cada cuatro, se encuentran en riesgo de exclusión social, un problema lo suficientemente grave como para que centren sus afanes en vivir el día a día y se desentiendan de otras cuestiones secundarias. Otro dato viene a sumarse a esta preocupante situación: el hecho de tener estudios y trabajo no les garantiza salir de la pobreza; es más, los sueldos precarios de los nuevos contratos contribuyen a hacerla crónica. Por eso no debe sorprendernos que, aunque se hagan más contrataciones que nunca desde que comenzara la crisis, la hucha de las pensiones se esté vaciando y no se vislumbre el hilo capaz de coser tal roto. Para colmo, si se consumara la independencia de Cataluña los economistas pronostican que la cosa iría a peor y nos empobreceríamos un poco más todavía. Así funciona esto de la economía global.
También con la economía más cercana debemos tener cuidado, porque la mala gestión de los administradores se puede volver contra los administrados. El anterior alcalde de Noja, de confirmarse las imputaciones, contribuirá lo suyo a vaciar el bolsillo de sus vecinos, haciéndoles pagar vía impuestos los excesos de una gestión municipal que, según parece, llevaba de manera personal, sin ningún control ni filtro presupuestario.   
En Santander, sin embargo, un afán desmedido de ahorro pudo volverse contra la seguridad de los ciudadanos, ya que el ayuntamiento contrató un servicio de vigilancia en las playas que luego no dio todo cuanto ofrecía –se sabe que es imposible comprar bacalao gordo y que no pese–. Por contra, con el aparcamiento de Mendicouague la administración santanderina ha sido, si no manirrota, demasiado optimista, y el fracaso económico de su explotación puede volverse en cualquier momento contra los vecinos.
Se dice que en el punto medio está la virtud, pero nuestra sociedad está perdiendo la perspectiva, cuestión que para doña Rosa, el antipático personaje de ‘La Colmena’, era lo único importante. Ahora que los ricos son cada vez más ricos y los sinvergüenzas más sinvergüenzas, los pobres, qué curioso, son cada vez más nacionalistas.

miércoles, 18 de octubre de 2017

A OJO DE BUEN CUBERO (18 de octubre de 2017)


El Diario Montañés, 18 de octubre de 2017

Estoy llegando a una edad en la que me siento incapaz de medir lo intangible, ni siquiera a ojo de buen cubero. Debe de ser por eso que algunos llaman vejez digital y otros analfabetismo tecnológico. O acaso porque, viniendo como vengo del mundo del papel, en lo de las nuevas tecnologías practico la desconfianza de santo Tomás, que quiso meter la mano en las llagas de Jesús cuando le dijeron que había resucitado, o la de aquel positivista inglés, que cuando un amigo le comentó que habían pintado los autobuses urbanos de amarillo le contestó que tal afirmación sólo era indiscutible en los que ellos veían y por el lado que alcanzaban a ver.
Viene esto a colación de los ocho tuits de Enrique Iglesias «y un montón de acciones» más, desconocidas cuando esto escribo, que publicó en las redes sociales después del fiasco de su concierto en Santander. Resulta que le pagaron por ellos ciento quince mil euros y, aunque la oposición considera que es mucho dinero, los responsables de la Sociedad Año Jubilar estiman que promocionalmente esos escritos que salieron de los pulgares del artista valían mucho más, y que sólo los necios pueden criticar tal gasto, porque no distinguen entre el valor y el precio. Les ha faltado añadir que son los seguidores del cantante, que se cuentan por millones, los que desde entonces han puesto a Cantabria en su punto de mira y la tienen con una ocupación turística casi total.
De ser cierto tal impacto mediático, la Sociedad Año Jubilar está cometiendo una flagrante injusticia con Revilla. Lo tienen por los estudios televisivos hablando maravillas de Cantabria y de todo lo cántabro, a cambio de nada, sin un sueldo, aunque fuera de becario. Está claro que en su caso la confianza da asco. Porque nuestro presidente, a poco rigurosos que seamos en el análisis, es quien está salvando la imagen de un año jubilar lebaniego que no tuvo ningún eco en los ocho tuits de Iglesias. Y sólo él está poniendo el alma que para tal efeméride ha reclamado esta semana Javier López Marcano.

martes, 10 de octubre de 2017

CONFABULACIÓN GASTRONÓMICA (11 de octubre de 2017)


El Diario Montañés, 11 de octubre de 2017

Cantabria es un referente gastronómico. A la riqueza de sus productos se une la promoción de nuestro presidente, que se ha propuesto popularizar todo lo regional y, en cualquier lugar en el que estés, si dices que eres cántabro, la gente rememora automáticamente las anchoas, las quesadas o los sobaos. La gastronomía se ha convertido en reclamo turístico de primer orden y en torno a ella se conforman simposios, mesas redondas, jornadas de divulgación y reuniones políticas de mucha enjundia.
Le decía Don Quijote a Sancho que los negocios de la cabeza se fraguan en la oficina del estómago. Acaso por ello el pasado fin de semana el PP y el PSOE han mantenido comidas con una parte de sus afiliados para conspirar contra la otra parte –la palabra partido ha optado definitivamente por el significado de algo que no está completo, de un fragmento que se opone al todo–. A los postres, con el orujo como brebaje digestivo, se suelen hacer los discursos de autoafirmación. «De grandes cenas están las tumbas llenas», dice un refrán. Y también de estas comidas, pues, aunque resulten frugales, en ellas se prepara la táctica para ir cavando la tumba de un enemigo que ya tiene preparada la tuya. En ese sentido podríamos hablar de la existencia de una gastronomía de confabulación, casi de guerra, a la que el PRC asiste de espectador placentero, observando como sus contrincantes se devoran entre sí.
La Unión de Guardias Civiles de Cantabria también se ha apuntado a la conspiración y ha llevado sobaos y quesadas hasta Cataluña para que los compañeros allí destinados endulcen su dura realidad y aflojen con estos productos tan nuestros la tensión que están padeciendo en tierra hostil. El largo viaje, según dicen, ha merecido la pena, porque, aunque fuera una visita relámpago, sabemos por Víctor Jara que la vida puede ser eterna en cinco minutos. Además, en estos tiempos de reafirmación independentista han querido dejar bien claro que frente a nuestros postres la crema catalana no tiene nada que hacer.
¡Va usted a comparar!

miércoles, 4 de octubre de 2017

¡FASCISTA! (4 de octubre de 2017)


El Diario Montañés, 4 de octubre de 2017

Últimamente hay un insulto que está causando furor. Y se aplica desde cualquier lado del espectro político con el desparpajo propio del desconocimiento. Basta con que uno no esté de acuerdo con las ideas del otro para que surja la frase comodín: «eres un fascista». Y la etiqueta se cuelga con tal ligereza, que ya no sé muy bien si el fascista es el catalán de la estelada que quiere votar, el español envuelto en la bandera constitucional que canta a los guardias civiles el «a por ellos» para que impidan la votación, Puigdemont el insensato, Rajoy el inactivo, Serrat, Piqué, o simplemente el incendiario gilipollas que se dedica a quemar contenedores con nocturnidad por las calles de Santander. Según nuestra particular visión, todos pueden ser llamados fascistas.
Un buen amigo, a quien además considero mi maestro, reflexionaba sobre la trivialización que ha sufrido el término y traía a colación las palabras de Bertrand Russell, el filósofo británico que vivió tan de cerca el fascismo que supo sintetizar como nadie su significado: «Los fundadores de la escuela de pensamiento de la cual surgió el fascismo –dice Russell– tienen todos ciertas características comunes. Buscan el bien en la voluntad, más que en el sentimiento o en el conocimiento; valoran más el poder que la felicidad; prefieren la fuerza al argumento, la guerra a la paz, la aristocracia a la democracia, la propaganda a la imparcialidad científica. [...] consideran la lucha por la vida como el origen de especies superiores; pero se trata más de una lucha entre razas que de una lucha entre individuos [...] Sustituyen el placer por la gloria, y el conocimiento por la afirmación pragmática de que lo que ellos desean es la verdad».
Ahí queda eso. La próxima vez, antes de adjetivar a alguien con tal sustantivo, deberemos tentarnos los machos. Porque fascistas, haberlos, haylos, pero no tantos como creemos. Aunque estos días, guiados por un impulso irracional, hayan sido demasiados los que han preferido la fuerza al argumento y se haya utilizado la cabeza más para embestir que para pensar. Ojalá que sea algo pasajero.

martes, 26 de septiembre de 2017

VIVIR PARA VER (27 de septiembre de 2017)


El Diario Montañés, 27 de septiembre de 2017

Los cántabros vivimos inmersos en una rueda de promesas que suelen acabar en frustraciones, de ahí nuestra melancolía. Hasta donde me alcanza la memoria, todo pudo empezar con el fracaso del ferrocarril Santander-Mediterráneo, cuya utilidad, desafiando nuestra capacidad de engaño, intentamos salvar una y otra vez con algún proyecto para la estación de Yera y el túnel de La Engaña. Llevamos doce años esperando la autovía que nos unirá con Madrid por Aguilar de Campoo, un trazado de larga distancia al que nos tuvimos que resignar tras haber proyectado túneles imaginarios por el Escudo, porque soñar no costaba nada. De la autopista a Logroño, que nos comunicaría con el Mediterráneo, no hemos vuelto a tener noticias. Al AVE le cortaron las alas a cambio de un tren de altas prestaciones que nos pondrá en Madrid en tres horas, el tiempo preciso para ver íntegras las películas de larga duración que proyectan durante el trayecto. En la capital, el anillo cultural tiene retrasos difíciles de entender, y el MUPAC se ha salido de su órbita para ser levantado junto al Palacio de Festivales (según un cronograma que ha presentado el consejero saliente –y que espero que no cambie el entrante– las hipotéticas obras del edificio comenzarían en marzo de 2019 y tendrían un plazo de ejecución de dos a tres años, es decir, que si nada falla, habrá nueva sede en 2022). También el antiguo túnel de Tetuán, que ya estaba construido en 1892, tendrá una larga etapa de acondicionamiento y no se abrirá hasta principios de 2019, aunque, al fin y al cabo, su apertura es una apuesta, más que necesaria, de imagen.
Como perseveramos en la esperanza, para relanzar algunos de estos proyectos hemos puesto nuestras expectativas en el ministro de Fomento, cántabro a la sazón. Aunque para ver otros definitivamente concluidos nuestro lado más pragmático nos hace confiar en un prodigioso zapatero americano, que nada tiene que ver con aquel otro de apellido Rodríguez, y en que las nuevas generaciones puedan alcanzar cien años de vida: el tiempo mínimo necesario para ver concluida alguna obra en Cantabria.

martes, 19 de septiembre de 2017

EL PACTO DE LAS ALBARCAS (20 de septiembre de 2017)


El Diario Montañés, 20 de septiembre de 2017

Lo he llamado el pacto de las albarcas, pero también podía haberlo denominado el convenio del babi. Ha tenido su imagen gráfica en la romería de San Cipriano, un día después de que Eva Díaz Tezanos lanzara un órdago en otra romería, la de la Bien Aparecida. El acuerdo entre el PSOE y el PRC ha llegado, rubricado con un apretón de manos de Revilla y Zuloaga, tras dos semanas de negociaciones en los despachos, aunque en nuestra retina quede el saludo romero de ambos protagonistas, ataviados con babis, calzados con albarcas y con un palo en la mano.
Zuloaga tenía previsto hacer cambios en dos de las consejerías de su partido, pero su bisoñez política le llevó a actuar con tanta imprudencia que de algunos matices de esos cambios se enteraba el presidente Revilla por la prensa. Y no es bueno despreciar a un viejo zorro en lides negociadoras, pues al final se ha hecho fuerte y ha llevado la situación a su terreno: en el PSOE todo ha quedado casi como estaba –Eva Díaz Tezanos mantiene de momento su poder–, y el PRC logra una «subida significativa» del presupuesto del próximo año. Por el camino se ha quedado Ramón Ruiz, una persona honesta, que sabía mucho de Educación y se defendía –como los últimos consejeros del ramo– en Cultura y Deporte. Ruiz ha vivido estos días el calvario de una sustitución anunciada, que no se debe a su gestión sino a la fidelidad que ha mantenido con sus gentes de confianza.
El propio Revilla ha exigido ahora que Francisco Fernández Mañanes, el nuevo consejero, además de traer el equipo completo y los cargos bien definidos, respete hasta el final de la legislatura los acuerdos alcanzados por su predecesor. Menudo corte de alas. Además, ha añadido unas palabras enigmáticas, al decir que aceptará los nombres que proponga el PSOE, «si no hay nada que nos haga pensar que nos presentan a gente que no tiene una vida normal».
¿Se estarían barajando algunos de vida disoluta? Como esto va de romerías, a lo mejor nos enteramos en San Mateo.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

LOS VIAJES DEL IMSERSO (13 de septiembre de 2017)


El Diario Montañés, 13 de septiembre de 2017 

Al tiempo que finaliza el verano y cierran algunos negocios turísticos por falta de rendimiento económico, no se pueden abrir residencias de mayores, pese a la necesidad que hay de ellas, porque los márgenes de explotación resultan escasos.
En esto de los márgenes se ha apretado mucho últimamente. Hace unos años, cuando el retroceso económico parecía una posibilidad remota, los que imaginan el futuro auguraban que el siglo veintiuno sería el de la civilización del ocio. Así lo hacía prever el número creciente de jubilados, a los que se suponía un poder adquisitivo que garantizaba su porvenir. Ellos deberían ser la base de negocios que se levantarían, sobre todo, en torno al turismo, la cultura y la dependencia.
En cuanto a la dependencia, ya sabemos cual es la situación actual. Sobre la cultura, no conozco que se pusiera en marcha ningún plan específico, más allá de los descuentos en los espectáculos. Fue en lo referente al turismo donde se dieron los pasos más decididos, con la creación de los viajes del Imserso, que nacieron con la pretensión de que nuestros mayores conocieran lugares nuevos y los hoteles de las zonas turísticas permaneciesen abiertos durante la temporada baja.
Pero llegó el futuro. Y ni nuestros jubilados viven tan bien como se preveía ni nuestra economía se ha recuperado tanto como nos pintan. Quizá por eso el Gobierno ha decidido prorrogar este año, con los hoteles que se acojan a la promoción de los viajes del Imserso que ahora comienza, las mismas condiciones económicas que en las dos campañas anteriores. Algunos hosteleros murcianos han comenzado a borrarse de la lista, y los de la Costa Blanca han dicho que esta campaña respetarán esas condiciones, pero que la próxima quieren un 20% de aumento, porque la situación es insostenible (un hotel de cuatro estrellas debe ofrecer alojamiento y pensión completa –con agua y vino incluidos– por 21 euros por persona y día).
Avisan con un año de antelación. Tiempo suficiente para solucionar un problema que, aunque lo parezca, no es menor. Hay más de un millón de jubilados viajeros: muchos votos en juego. 

martes, 5 de septiembre de 2017

LA FOTO (6 de septiembre de 2017)


El Diario Montañés, 6 de septiembre de 2017

Ya están aquí, fornidos, con lanza larga y espada corta, vociferando cantares y golpeando en sus escudos para amedrentar al enemigo. Son los Aunigainos, guerreros mercenarios temidos por su fiereza, adoradores –sangre y fuego– de Erudino. Siguen a su jefe Arquio, «El Grande», que recibió de Ambato la espada del mando que se transmite por la sola herencia del valor.
Dos jóvenes se han unido esta campaña al desfile de la tribu por las vías corraliegas: Pablo Zuloaga y Pedro Casares. Ambos 
–cuerpo fino, idóneo para moverse en palacio, y pies ligeros, dignos herederos de los del veloz Aquiles– calzan sandalias de cuero y no molestas pieles, como si fueran a tomarse un baño en el Sardinero un día de asueto. Avanzan seguros antes de pasar por la tribuna de autoridades, donde el jefe de todas las tribus cántabras espera, presidiendo la marcha guerrera, flanqueado por sus consejeros.
Los Aunigainos llegan frente a él. Y Pablo lo saluda –cinta en la cabeza, cara pintada, collar al cuello y cuerna en la cintura– con la diestra elevada, empuñando la espada de antenas. Se siente fuerte y bien respaldado, porque en lo alto de la grada sus fieles lo aclaman. Además, sabe que el jefe acaba de llegar de la capital del reino, donde le han transmitido el total apoyo a cuantas decisiones él tome, por dolorosas que sean o inexplicables que parezcan. Y el jefe –veterano en lides políticas– acatará la orden, disfrazada de consejo. Acaso por ello algunos de sus consejeros prefieren no mirar al joven guerrero. Son esas leyes no escritas de la política, a la que todos dicen –Zuloaga, el primero– que hay que llegar con el billete de ida y vuelta en el bolsillo, si bien luego muy pocos utilizan el del regreso definitivo a casa y prefieren apearse en estaciones intermedias.
Ya están aquí los Aunigainos. Y los viejos de la tribu les han dicho que no tengan piedad con los vencidos, porque no hay peor cuña que la de la misma madera.
Pero en ocasiones también los viejos se equivocan.

miércoles, 30 de agosto de 2017

CORTAR CABEZAS (30 de agosto de 2017)


El Diario Montañés, 30 de agosto de 2017

Los fuegos artificiales han puesto fin al mes de agosto. Septiembre traerá consigo el regreso a la rutina. Algunos volverán al paro porque finalizan sus contratos de temporada; otros, a una actividad que no siempre desean, pero es la única que tienen; y los hay que ya estaban deseando que se terminaran las vacaciones para no seguir sufriendo la insoportable convivencia en pareja, causa mayor de los divorcios (verán como nos repiten esta noticia un año más).
La parte socialista del gobierno de Revilla vuelve al curso político con el cuello encogido porque no saben por dónde van a cortar las cabezas los ganadores del último congreso. Recientemente la vicepresidenta manifestaba que no tenían que llevar al gobierno sus luchas intestinas. Desde mi ingenuidad política coincido con ella, y estimo que deberían ir haciendo cambios en las estructuras del partido para las próximas elecciones y dejar el resto como está; no debemos olvidar que la legislatura entra en su segunda mitad y que va a ser muy poco lo que puedan aportar al buen gobierno quienes lleguen nuevos, máxime si el cambio de cromos se produce, como dicen, en la segunda línea de influencia.
En esto de poner a buen recaudo las cabezas de los suyos, las izquierdas tienen mucho que aprender de las derechas, como han demostrado salvando la de César Díaz frente a toda la oposición. Quizás por eso se las denomina fuerzas conservadoras.
Conservador, aunque él lo niegue, es también Enrique Álvarez, cuya cabeza profesional, confundiendo el todo con la parte, han pedido algunos por el artículo de opinión que publicó en este periódico. Nada de lo que escribió era nuevo para quienes conocemos sus ideas, pero en este tiempo de tiranía de las redes sociales corrieron como la pólvora frases de su escrito, y los mismos que tienen en sus perfiles eso de «no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo» se erigieron en implacables censores.
Es algo muy nuestro: nos gustan tanto las cabezas desmembradas, que tenemos en un altar las de Emeterio y Celedonio. 

miércoles, 23 de agosto de 2017

PIXELES (23 de agosto de 2017)


El Diario Montañés, 23 de agosto de 2017

En 1968 Eddie Adams fotografió al general Nguyen ejecutando con un tiro en la sien al cabecilla que había aprovechado un alto el fuego para matar a treinta y cuatro soldados, seis de ellos ahijados del propio general. «El general mató a un vietcong con su pistola. Yo maté al general con mi cámara», dijo años después el fotógrafo, aunque lamentando que su imagen no hubiera podido captar todas las circunstancias que habían provocado el inmisericorde disparo. Cuatro años después, Nick Ut nos mostró con total crudeza otro ángulo de la guerra de Vietnam, con aquella niña que corría desnuda y desvalida por una carretera, mientras su piel se deshacía con el napalm ardiente.
Ahora, los medios de comunicación se están replanteando la conveniencia o no de publicar algunas imágenes, autocensura que ha surgido en tiempos recientes (acaso tras el 11S, cuando los americanos decidieron no difundir todos los documentos gráficos de la brutal masacre) y han tenido su último reflejo con los salvajes atentados de Barcelona (Facebook, el patio universal de vecinos, fundió a negro la portada del día siguiente de este periódico, advirtiendo de que su contenido podía herir sensibilidades).
Estoy de acuerdo con ponerle alguna puerta al campo de tanto teléfono con cámara ambulante como anda por ahí. Y me parece bien que sean las redacciones de los medios de comunicación las que tomen la decisión de publicar o no ciertas fotografías. Pero cuando la decisión sea afirmativa (según mi parecer debería serlo casi siempre), habría que tomarla con todas las consecuencias y no con las medias tintas de los pixeles, especie de persianas de la conciencia que muestran tanto como ocultan con sus sugerentes transparencias poco éticas. O todo, o nada.
Dice Philippe Claudel, en su magistral novela ‘El informe de Brodeck’, que la estupidez es una enfermedad que casa bien con el miedo. No seamos estúpidos. No tengamos miedo.
Eddie Adams y Nick Ut, con sus crudas imágenes periodísticas, además de obtener el Premio Pulitzer, hicieron más por la paz que muchos gobernantes. Sin pixeles, claro. Y va a hacer de ello cincuenta años.

miércoles, 16 de agosto de 2017

CLAROSCURO SANITARIO (16 de agosto de 2017)


El Diario Montañés, 16 de agosto de 2017

Recojo del buzón una carta de la Consejería de Sanidad. Lo hago con inquietud, porque las notificaciones sanitarias siempre alertan. Palpando, adivino en su interior un objeto alargado, estrecho y plano. Cuando abro el sobre encuentro una bolsita verde con algo parecido a un mechero que deja traslucir un líquido, acaso el gas. Me digo que será una ingeniosa campaña publicitaria para dejar de fumar. Pero, si es así, ¿cuál es la función del encendedor? Examino el folleto que lo acompaña. Me he precipitado. Se trata de un programa de detección precoz del cáncer de colon en el que, por edad, estoy invitado a participar. El falso mechero es el recipiente donde debo introducir una muestra de heces –tras recogerlas con un palillo que se adjunta para tal fin–, mezclarlas con el líquido y agitarlo todo. Luego tengo que depositarlo en un contenedor en cualquier centro de salud y esperar los resultados. Da gusto, me digo, con nuestra sanidad pública.
Sin embargo, según parece, en el día a día no es oro todo lo que reluce. Los médicos de Atención Primaria amenazan con una huelga ante la escasez de personal sanitario, porque la tasa de sustituciones no ha alcanzado este verano el 70%. La consejera dice que los pacientes están bien atendidos, pero –por poner sólo un par de ejemplos– en Ruiloba el médico ha tomado vacaciones y nadie ha cubierto su plaza, y en el hospital de Laredo uno de los dos especialistas en Anatomía Patológica cogió la baja, no fue sustituido y desde marzo hasta julio se han acumulado más de 1.600 biopsias, con la consiguiente incertidumbre –y peligro– para los pacientes.
Nuestra Sanidad padece estos claroscuros –además de por afanes privatizadores y de la incompetencia de algunos de sus responsables– por los recortes que trajo la crisis, ésa que Bruselas, tras un análisis superficial y muy discutible, dice que ya hemos superado ahora porque el paro está en su nivel más bajo desde 2008 y los bancos son más fuertes.
Como diría Pérez-Reverte, me cago en Bruselas. Y ya, aprovechando, tomo una muestra para el análisis.

miércoles, 9 de agosto de 2017

ELOGIO DE LA AMISTAD (9 de agosto de 2017)




  ©El Diario Montañés

El Diario Montañés, 9 de agosto de 2017

Ahora que algunos intentan vincular antiguas amistades de infancia y colegio con contratos interesados y lamentables derrumbes, quiero hacer, aunque sea a contracorriente, una defensa de la amistad. ¿Quién no ha echado mano de los amigos cuando necesitaba algo?, ¿a quién puede parecerle censurable, por ejemplo, que un permiso de obra se resuelva pronto si un buen amigo está en puestos de responsabilidad administrativa? Siempre ha sido así. Y lo seguirá siendo.
Dentro de los partidos políticos pasa lo mismo, sólo que ahí los amigos se convierten en «familia», grupos que suelen pensar igual que el ganador, aunque en ocasiones sea una amistad calculada porque para algunos la ideología es cambiante.
Pablo Zuloaga y su triunfadora familia política están ahora moviendo ficha para hacer cambios en el gobierno regional, en el que Miguel Ángel Revilla preside las consejerías socialistas con las personas que otros le marcan. (A nuestro presidente le debe de resultar muy difícil encabezar sus equipos de gobierno cuando una parte de la alineación le viene impuesta y cuando a la mitad de la competición le introducen cambios con los que no contaba, aunque se anuncien en la segunda línea, casi a nivel de banquillo. Malos tragos de la política).
José Manuel Abascal, primer medallista olímpico del atletismo nacional y orgullo de Cantabria, llevaba veintitrés años trabajando como director de deportes en el ayuntamiento de Bezana, pero el nuevo equipo municipal no lo consideró un amigo. Ganaba 29.000 euros brutos anuales (1.500 euros netos al mes) y a cambio transmitía su magisterio deportivo a los jóvenes. Al recién llegado alcalde no le tembló la mano y se lo llevó por delante, tras felicitarle por la gran labor que había desarrollado durante ese tiempo, porque –le dijo– «así se ahorraba dinero».
Auguro nuevos tiempos de mano dura y felicitaciones por su buen trabajo a los que ahora sean descabezados. No tengo tanta certeza de que en esta ocasión Zuloaga ahorre dinero, aunque sí colocará a sus fieles, en nombre de una mayor eficacia, porque los amigos son lo primero.
Y –añadía Corleone– la familia es intocable.

miércoles, 2 de agosto de 2017

EL CAPITALISTA (2 de agosto de 2017)

© Javier Cotera

El Diario Montañés, 2 de agosto de 2017

Compro diariamente el periódico en papel. También consulto las ediciones de la prensa digital, pero esos momentos de hojeo lento –de izquierda a derecha, con avance y marcha atrás por cada página– son impagables y no tienen nada que ver con el rápido ojeo –a golpe de pulgares– que se realiza en una tableta o en un teléfono. El papel me permite deleitarme con las noticias y con las imágenes, que en ocasiones son en sí mismas noticia.
Cuando llega la feria de Santiago, aunque antitaurino confeso, suelo buscar las fotos de los protagonistas, porque en la liturgia de la fiesta hay personajes muy peculiares. El capitalista es uno de ellos. Tal nombre recibe ese personaje humilde –pura contradicción– que se echa encima al diestro para sacarlo a hombros por la puerta grande y llevarlo hasta donde sea menester, a cambio de unas monedas. Javier Cotera ha retratado a uno de ellos en este periódico, en una gran foto que refleja su rostro de boxeador curtido en cien combates –posiblemente sin dientes–, sus manos hinchadas –por el trabajo, la mala circulación o por otros hábitos, vaya usted a saber– y su camiseta con el nombre de un afamado hotel santanderino, circunstancia que también le procurará unos pocos euros por publicidad indirecta. La foto es de tal hondura psicológica que casi nos permite adivinar la voz cascada del individuo pidiendo paso.
Observándola tengo la sensación de que la escena y el espectáculo que la genera y el público que lo aplaude son símbolos y espejos de un pasado que permanece anclado en el presente. De ahí su valor futuro como crónica gráfica de un tiempo equivocado que da categoría de arte a una función en la que sufre y muere un animal.
Una aficionada declaraba en estas mismas páginas que la última corrida de la feria le resulta especial. La última de todas será especialísima y llegará el día menos pensado por mor de iniciativas legislativas que prohíban los toros. Entonces, y curiosamente con el apoyo de los partidos de la izquierda, nadie podrá volver a encaramarse sobre un capitalista.

miércoles, 26 de julio de 2017

LA MARCA SANTANDER (26 de julio de 2017)

© El Diario Montañés

El Diario Montañés, 26 de julio de 2017

Semana grande. Fuegos artificiales de fondo. Antes, novillada, una mirada a la bahía y un paseo desde el Pereda a Reina Victoria, pasando por Castelar, ahí es nada –lástima de lluvia, sí; pero, ¿y lo bien que se duerme?–. Metrobús rápido e inteligente –estamos en una ‘smart city’– que circulará por un carril exclusivo, abriendo los semáforos a su paso (date prisa, abuelo, que viene y nos lleva por delante). Es Santander, una ciudad llena de encantos, sobre todo en verano. Lo mismo puedes encontrarte por la calle con Isabel Presley que con un edificio derrumbado. Con igual facilidad puedes subirte en una atracción de feria, que introducirte durante un cuarto de hora en pelota picada, previa ducha, en el ‘High Psycho Tank’ del Centro Botín, dentro de una mezcla de agua y sal que relaja cuerpo y mente y hace olvidar los problemas. La realidad poliédrica de la modernidad.
Los agoreros dicen que Santander envejece y que perdió su esencia y la gracia del mar tras el incendio, cuando aprovechó la reconstrucción para expulsar del centro a los pescadores de habla cantarina y lo llenó de comercios y comerciantes. Y añaden que tiene una fachada muy aparente, tras la que se esconden algunos barrios deprimidos. Pero lo cierto es que los santanderinos están muy orgullosos de ella. Hay, incluso, quien mantiene que dimos un paso atrás cuando la autonomía cambió su nombre por el de Cantabria, dejándonos llevar por el corazón y no por la cabeza, que es un sinónimo del bolsillo. Dicen que la denominación Santander es mucho más conocida, que de ella un banco hizo una marca, la internacionalizó primero y luego la universalizó dando su nombre a una Liga de fútbol. Y que bajo «ese paraguas semántico», que abarca a un tiempo oficinas bancarias y a Messi, Ronaldo o Neymar, entre otros, debería estar acogida no sólo la capital, sino la región toda, por el bien de todos.
Tras esa revolucionaria involución –«cualquiera tiempo pasado fue mejor»– seríamos algo así como un Santander de Santanderes: espejo del dinero y la buena vida.

miércoles, 19 de julio de 2017

FURACO, ENRIQUE Y EL SEXO (19 de julio de 2017)

                                                      ©Javier Cotera (El Diario Montañés)
El Diario Montañés, 19 de julio de 2017

He pasado un mes angustiado. A finales de junio, tras una temporada por tierras asturianas, el oso ‘Furaco’ regresó a Cabárceno sin haber conseguido preñar a ‘Paca’ y ‘Tola’, dos osas locales de muy buen ver. Y que un oso cántabro sea motivo de burla por su incapacidad reproductora es algo que no puedo soportar, porque nada de lo que sucede con las cosas del terruño me deja indiferente. Menos mal que una reciente encuesta nos ha colocado a la cabeza de nuestro país en cuanto a la frecuencia con que practicamos el sexo se refiere, 11,9 veces al mes, muy por delante de los canarios, segundos clasificados en estas lides del placer.
El verano, el buen clima, los conciertos, las casetas con pinchos a tres euros, la movida del año jubilar y el paso por la puerta del perdón –que perdona incluso las infidelidades– juegan a nuestro favor. No es lo mismo pasear por Cantabria a veintitantos grados, entre chiringuitos, música y perdones –lo más parecido a la gloria–, que hacerlo por el infierno en que se ha convertido España, norte abajo, con temperaturas que te dejan capitidisminuido y desganado.
Tras la publicación de la encuesta, respiro más tranquilo. Los cántabros hemos dejado el pabellón bien alto y ya no estamos expuestos a las chanzas que podían habernos hecho por el fiasco de nuestro emblemático úrsido. Aunque ahora las burlas pueden llegarnos por otro fiasco, el ‘concierto precox’ que dio Enrique Iglesias en Santander, con final ‘interruptus’ incluido, cuando se marchó por defuera y a deshora, sin despedirse siquiera, dejando insatisfechos a sus seguidores.
Es muy arriesgado –y caro– jugársela en directo con artistas sin categoría, inventados por el marketing y promocionados con elaboradísimos videoclips. Aunque en el caso de Enrique, es justo decirlo, también ha tenido importancia la figura de un padre estrella, que en el mundo de la canción le da mil vueltas al hijo, y, en el del sexo, a Furaco y a nuestras 11,9 veces mensuales.
A mí, consejero Martín, por bueno que te parezca, si canta Enrique, bájame la radio.

miércoles, 12 de julio de 2017

VIVIR EL VERANO (12 de julio de 2017)

                                                                                                                             ©El Diario Montañés

El Diario Montañés, 12 de julio de 2017

El verano es una estación de esperanza. Esperamos las vacaciones como agua de mayo para desconectar del ritmo diario, frenético, que acaso sea el que nos está llevando sin que lo sospechemos a que la esperanza de vida de los cántabros haya disminuido. Algunos economistas mantienen que la generación actual vivirá peor que la anterior; es difícil asegurarlo, pero sí sabemos que los fallecidos en los dos últimos años han vivido unos meses menos. Lo cual –no hay mal que por bien no venga– es un consuelo, porque para vivir peor es mucho mejor no vivir tanto.
En lo de desconectar, los políticos son quienes más tienen que aprender. Su ritmo es agitado: una inauguración aquí, una obra allá, una romería acullá... Un sinvivir, vamos. Esta semana –simple botón de muestra– he visto a la alcaldesa Gema Igual jugar al padel, saltar a las gomas, saludar a nadadores en La Albericia (es curioso, juegan a todo, pero cuando de piscinas se trata, nunca se mojan), explicar proyectos de ascensores, supervisar asfaltados, homenajear a las víctimas de ETA... Se me dirá que es cosa de la juventud, pero es que el presidente Revilla, más talludito, no se queda atrás.
Tómense un respiro, señores, que la vida es breve, ahora estadísticamente más breve. Claro, que en el asunto del ocio también conviene tener mesura. Cuando las fiestas están prodigando por todo el solar regional, asistimos a un preocupante aumento de las agresiones, de la ingesta de alcohol (borracheras las llamábamos siempre) y del consumo de estupefacientes (drogas, decíamos). En el Coso Blanco castreño se han producido cuarenta y nueve asistencias por parte de la DYA. Suturas, las más veces, y traslados a Laredo y a Cruces, las menos. Poca cosa. Lo que nuestra sociedad empieza a considerar normal. En Santander, un joven que regresaba a casa tras una noche de parranda se cayó al agua en la bahía. Acaso entonces se despertara. Le sacaron unos pescadores, en buen estado –físico, al menos– y sin lesiones.
Está visto que a quien madruga, Dios le ayuda. Aunque no se haya acostado.

miércoles, 5 de julio de 2017

SED DE PODER (5 de julio de 2017)


El Diario Montañés, 5 de julio de 2017

Conviene recordar la historia. Hace años, cuando un grupo de soñadores comenzaron a reivindicar la autonomía para Cantabria, aducían, entre otras razones, el abandono secular que sufría la región. No faltaba tampoco la sensación de que aportábamos a las arcas del Estado más de lo que recibíamos. Benito Huerta, un regionalista de raza, hizo popular la frase de que de tanto ordeñarnos la vaca el gobierno central nos la estaba dejando seca. Era una imagen que los cántabros, y sobre todo los ganaderos, entendían a las mil maravillas.
Ahora que ya tenemos casi exprimida la vaca y toda la cabaña ganadera, el gobierno central nos discute el agua. Han cerrado el grifo de la financiación y pueden cerrarnos el otro, para el que hemos construido una autovía que pretendía vertebrar la región tanto o más que cualquier carretera de montaña. Pero como las lluvias son escasas y el pantano del Ebro tiene cifras alarmantes de nivel –precisamente cuando el nivel de ocupación hotelera prevé sus mejores datos–, la situación nos deja con el agua al cuello, pese a que la tenemos a la altura de los tobillos. Se avecina un verano caliente que, si no se soluciona la cosa, puede traernos restricciones tan dolorosas como difíciles de justificar.
Aquella situación a la que me refería al principio provocó el nacimiento de una asociación para defender los intereses de Cantabria (ADIC), y con el paso del tiempo la creación de un partido que ha gobernado en varias legislaturas (el PRC), aunque algunos le achacan que siempre lo ha hecho sin ganar las elecciones. Revilla ha pronosticado que las tornas van a cambiar en los próximos comicios y que el suyo va a ser el partido más votado. Es posible, porque el agua, el pan y la sal no debe negársele a nadie, so pena de soliviantar a la población. Si a ello unimos que los otros partidos regionales se están ahogando en su sed de poder, puede resultar que esa combinación explosiva de agua y sed le dé la razón al presidente.

miércoles, 28 de junio de 2017

ENTRE EL CIELO Y EL SUELO (28 de junio de 2017)


El Diario Montañés, 28 de junio de 2017

Aprendí en el catecismo que una de las condiciones para perdonarle los pecados al pecador es que tenga propósito de la enmienda. Acabamos de conocer que el Racing no sólo no se ha enmendado sino que ha aumentado su deuda hasta convertirse en la empresa regional que más le debe a Hacienda. Como necesita saldar su débito para seguir paseando el nombre de Santander y Cantabria por los desolados campos de Segunda B, anda pidiendo dinero público, que es el de los que sí pagamos impuestos. La temporada se ha ido al traste en lo deportivo y en lo económico, porque si ya era difícil justificar en momentos de euforia la inyección económica que se le iba a dar a una sociedad privada que no cumple con sus obligaciones fiscales, más lo será ahora. La patata caliente que tiene el equipo de gobierno entre las manos puede convertirse en un infierno.
Menos mal que cielo se lo ha puesto en bandeja el Centro Botín, convertido publicitariamente en la imagen de modernidad de Santander (¡cuánto les costaba a algunos decir Cantabria en los discursos!). La expectación que ha generado supera todas las previsiones. Cuarenta mil personas lo han tomado como suyo y han paseado por sus pasillos exteriores, valorando sobremanera las espléndidas vistas de la bahía y su entorno, algo que ya estaba ahí antes de que la construcción emergiera. Sospecho que para la mayoría –más de cultura de fachada que de contenidos interiores–la tónica va a ser tomar el edificio como si de un mirador se tratase.
Me decía Santi –un gruista portuario que lleva años gozando de una de las vistas más bellas del mundo desde la altura de las grúas– que está pensando en decirle a su empresa que las abra a las visitas y que las alquile por las noches para tener ingresos extraordinarios. Con una pequeña inversión en medidas de seguridad sería posible. Además, girando la cabina, los visitantes tendrían inigualables panorámicas de 360 grados.
Seguro que habría largas listas de espera. Como las que hay en la Sanidad cuando no se pagan los impuestos.